LA VIDA SIN BARBIJO, ¿QUÉ ES EL “SÍNDROME DE LA CARA VACÍA” Y CÓMO SUPERARLO?

A más de dos años del comienzo de la pandemia del coronavirus en el mundo, los casos graves de COVID-19 descendieron en todos los países y junto a eso los gobiernos tienden a levantar las medidas de prevención sanitaria.

No obstante, debemos prepararnos psicológicamente, ya que podríamos sufrir lo que muchos expertos denominan el “síndrome de la cara vacía”.

Se trata de una condición que se asocia con la incomodidad de estar con la cara descubierta, especialmente en medio de la pandemia en curso, en este caso, por la retirada de las mascarillas. Este síndrome, también conocido como “mask fishing” puede tener dos orígenes diferentes: el miedo a mostrarse a los demás y la fobia a contagiarse. No obstante, afecta en mayor medida a los adolescentes, ya que los agarra en una etapa de la vida de crecimiento personal y físico, aspecto en el que sufren muchos cambios.
Los expertos creen que los niveles de ansiedad pueden aumentar, ya que uno puede sentirse incómodo al interactuar con personas sin máscaras o puede sentirse cohibido por ello.
La reciente investigación de Moscovitch descubrió que los protocolos de mascarilla durante la pandemia en realidad aumentaron las luchas contra la ansiedad social. La ansiedad social se caracteriza por un miedo intenso y persistente a ser observado y juzgado por los demás, según el Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU.
También puede haber otro perfil de persona que simplemente tenga miedo al contagio por coronavirus al quitarse la mascarilla, sentirse insegura. Por eso, los especialistas recomiendan ante el síndrome de cara vacía:
– Quitarse la mascarilla de manera progresiva, tanto en tiempo, como en los lugares. Empezar de los lugares en los que se sientan más seguros, y desde ahí ir escalando.
– Actuar igual en relación a la interacción social. Comenzar por enfrentarse, primero, a pequeños grupos con los que nos sintamos cómodos e ir avanzando de formar progresiva.
– Darse tiempo entre un paso y otro, para aprender que quitándose la mascarilla no ocurre nada grave. Cuando se sientan cómodos en el nuevo espacio conquistado, pasar al siguiente.
Para las personas que luchan contra la ansiedad social, descansar de las obligaciones sociales y mostrar su rostro en público puede resultar reconfortante. Más allá del propósito de una máscara facial para contener el COVID-19, llevar una máscara sirve casi como una manta de seguridad que alivia algunas de las “presiones sociales que vienen con el miedo a exponer los defectos de la apariencia o los signos de ansiedad”, escribieron los autores del estudio.

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